En
tierras de Don Quijote, la mano del hombre ayudó a secar uno
de los mayores humedales de Europa, las Tablas de Daimiel; y
ahora un incendio subterráneo ha hecho saltar las alarmas,
por lo que su recuperación se augura difícil en un país cada
vez más seco."Un
paraíso para los animales", así lo describe Bautista,
veterano guarda del Parque Nacional de las Tablas de
Daimiel, miembro de una de las 300 familias que vivían de la
pesca del cangrejo y otros peces que desaparecieron en los
60.
Hubo "una moda de desecar
humedales y las Tablas no se escaparon (...) ahí empieza el
problema", con la sobreexplotación del acuífero por
extracciones ilegales para regadío.
A la entrada del Parque, en
la región de La Mancha (sur), sorprenden el olor a quemado y
unas columnas de humo que parten del cauce del río Guadiana,
ahora seco.
Es un extraño fenómeno: arde
la turba del subsuelo del antiguo río por falta de agua. La
sequía agrieta la tierra, el aire se cuela y oxida la turba,
que entra en combustión; la tierra seca cede y se hunde.
En el Parque, las excavadoras
remueven la tierra para rellenar grietas y las apisonadoras
la compactan y encharcarán: es una de las medidas que tomó
el gobierno español hace 10 días, presionado por la Comisión
Europea, para apagar el incendio, descubierto en agosto.
"En un mes y medio esperamos
tener sofocados los tres focos, pero se darán por
extinguidos con la inundación del parque, entre enero y
marzo, trasvasando agua de otro río”, explica José Jiménez,
director de Parques Nacionales, dependiente del ministerio
de Medio Ambiente. |